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Las ruedas de aterrizaje del Boing 737 rechinaron contra el asfalto en la pista del Aeropuerto Internacional de Managua. Sus dignos pasajeros, después de los chequeos rutinarios de migración, fueros trasladados de inmediato a un hotel capitalino donde ya les esperaba una batería de periodistas para entrevistarlos. Por qué el revuelo?. Era la primera vez en la historia que los Café Tacuba pisaban suelo Nicaraguense.

2005 fue un año singular en la historia del planeta y si lo supiste vivir, entonces tendrás buenas historias que contar. Como aquella que ocurrió el viernes 22 de Abril, cuando una de las mejores bandas de Mexico, Café Tacuba, se uniría con una de las mejores bandas Argentinas, Enanitos Verdes, para ofrecer un único y memorable concierto en el antiguo Estadio Nacional De Beisbol. Es allí donde comienza esta crónica con Radio 1, la radio que con casi una década de presencia en el dial ya se había apoderado de una gran parte de la audiencia juvenil. Rivalizaba mano a mano con la otra radio joven del momento, la radio de la competencia. De mas está decir que los temas de Cafe Tacuba y Enanitos Verdes eran parte de la programación continua de la radio. Sus temas estaban en rotación constante. Radio 1 por lo tanto debía cubrir ese importante evento.

Fui designado esa mañana para entrevistar a la banda (quizás porque en ese momento yo era el único que se encontraba). La directora de la radio en ese entonces, Melissa Fajardo, se trasladó conmigo al hotel donde ya abundaba un grupo de curiosos fans y periodistas. Me asignaron un pase y me condujeron donde estaban los otros periodistas esperando turno para entrevistar. Había como media docena de ellos esperando. No se trataba de una rueda de prensa en sí, sino que debíamos esperar en fila y luego pasar a otra pequeña sala donde los miembros de la banda contestaban preguntas pero solo con un entrevistador a la vez. Un periodista salió en ese momento y yo fui a buscar mi lugar en la fila. Al hacerlo me llevé una desagradable sorpresa: mi colega de la radio de la competencia se había adelantado y me miraba aliviado de no ser ahora el último de la fila. Menuda situación en la que me encontraba. Yo era el último de la fila. Yo era la última entrevista. No solo era el último de la fila, sino que para colmo la radio de la competencia conduciría primero la entrevista. Radio 1 había perdido la primicia.

A modo de consuelo, mientras esperaba mi turno, recordaba que
siempre había querido conocer personalmente a los músicos que escuchaba. Tenerlos de cerca, escucharlos, conversar con ellos, (jamás entrevistarlos!). Durante esos 10 años Radio 1 me había dado esa oportunidad con muchos artistas. Así que heme aqui, entrevistando a unos cuates que se miraban buena onda, y a los que admiraba por sus éxitos, como aquel «Ingrata» que escuché en los Noventa y que, al igual que otros, bailé frenéticamente en la pista del antiguo Chaman.
Pero el desgraciado ego me espoleaba, me hostigaba; me recordaba que la radio de la competencia los entrevistaría primero, Radio 1 los entrevistaría después. Sé que son cosas banales, pero lamentablemente son asuntos de «marca y de rating» que algunas veces estamos obligados a hacer. Melissa observaba desde un pasillo cercano, resignada al igual que yo de estar detrás de la competencia. Otro periodista entró y la antepenútima entrevista comenzó.

Nos íbamos acercando cada vez mas y ya solo quedábamos mi colega y yo. Nos quedamos solos por unos minutos durante los cuales hablamos de cosas triviales. Cosas de la banda, del concierto de esa noche, y quien sabe que más, porque lo cierto era que yo no dejaba de pensar en mi humilde posición en la fila, y él seguramente pensando en el dulce sabor de llevarse la primicia entrevistando a la banda. Cuando al fin el periodista salió pude ver a mi colega locutor acercarse hacia donde estaba el vocalista de la banda y prepararse para la entrevista.
«Me encuentro en vivo para los oyentes de la radio…, el gran Rubén, vocalista de Cafe Tacuba está aquí, en vivo» __ dijo el locutor muy exaltado __ y como si fuera un micrófono, le acercó el celular a su entrevistado. Rubén, (que tambien fue Juan y Cosme y Anónimo y muchos nombres más), olvidando el microfono-celular que le apuntaba, le vio a los ojos y en tono triste le dijo: «Me siento cansado, podríamos dejar esta entrevista para después?». Mi colega, desoyendo la solicitud del músico, continuó con su entrevista: «unas breves palabras, estas en vivo Rubén para toda la audiencia de la radio…»__»En realidad me siento muy cansado, con todo gusto haremos esta entrevista después»__ replicó el Tacubo. Pero mi amigo estaba decidido a no rendirse tan fácilmente, y continuo diciendo: «quisiera nos enviara a toda la aud…»__ «¡QUE NO ENTENDÉS QUE ESTOY CANSADO!»__le grito fuertemente Rubén a mi colega.
Él se quedó como petrificado… yo igual. Apenas pudo reacccionar y regresar por donde vino. En ese instante Melissa, que por la distancia no se había enterado de lo sucedido, miraba cómo mi colega se retiraba cabizbajo de la escena y, pensando que este ya había terminado su entrevista, me hacia señas con la mano, como diciendo «dale Harry, vos seguís».

En efecto, yo seguía en la entrevista pero, como llevarla a cabo si había escuchado al vocalista de la banda gritarle a mi inopurtuno colega?. Que podía decir yo después de lo que había visto?. Me atrevería yo a hacer una sola pregunta?. Que podía yo hacer?.
Ser sincero fue mi mejor arma. Me acerque a Rubén y en tono honesto le dije: «a mi me tocaba continuar con la entrevista, pero escuché que estás cansado y lo mejor será que detengamos inmediatamente todas las preguntas y que ustedes se retiren a descansar». Contrario de lo que me esperaba me dijo: «No, vamos, pregunta, pregunta»__ me decía mientras esbozaba una sonrisa. Su respuesta me dejó sorprendido. Yo volví a insistir y le dije que comprendía su cansancio y que sabía que esa misma noche darían un concierto y que necesitábamos que todos estuvieran bien descansados para el show. Pero el siguió insistiendo que le preguntara. Así que encendí mi teléfono y conduje una de las entrevistas mas cortas de mi vida. Luego nos despedimos. Ellos caminaron hacia el ascensor y yo hacía el lobby. Cuando voltee a ver hacia el ascensor vi que Rubén me hacia de señas que lo siguiera. Yo le obedecí y le seguí hasta el ascensor. Lo que sucedió después es parte de otra historia y no quiero cansarte, mejor, como dijo mi buen amigo Rubén, «podríamos dejar esta entrevista para después?».

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